Educamos el corazón

 

Una afectividad equilibrada y la formación de la identidad propia son esenciales para encontrar la felicidad.

Educar los sentimientos es un aspecto esencial en la formación humana. Si la inteligencia es la luz del espíritu, el corazón es su fuerza. Formamos alumnas con corazones capaces de entusiasmarse con la verdad, el bien y la belleza.

En este sentido, la sensibilidad hacia los más necesitados y la educación de la generosidad en el compromiso de formar una sociedad más justa y solidaria, según los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, son objetivos prioritarios.

En resumen, queremos formar corazones capaces de experimentar, sentir, buscar y vivir el amor.